A la abuela aun le gustaban las pollas

Vaya, vaya con la maestra de clases particulares que contrató mi padre, jamás habría imaginado que era tan sumamente caliente. El caso es que apenas empezamos a dar la clase y ella ya estaba metiendo la mano por debajo de la mesa en mi bragueta. Yo obviamente no me lo podía creer y pensé que estaba soñando o que era otra de las pasadas que me juega a menudo mi mente perversa. Pero no, esa madurita estaba más caliente que el infierno y me folló tan duro que cuando se puso a cabalgar en mi polla un poco más y me la rompe.









